Nos miramos otra vez. En ese instante comprendí que mi Ro estaba cruzando una línea, y yo quedaba por primera vez detrás de ella, por más que todo su empeño, lo empecé a captar entonces, era que no me sintiera desplazado. Hasta esa noche, cada vez más espaciadamente, yo había ido por delante, pero siempre me quedaba a su lado, rezagado, esperándole. Debió leerme el pensamiento. Aparté un momento mi mano de su pecho, pero él la sostuvo en la suya y cruzamos los dedos.
Aunque él lo deseara de corazón, no sabía esperarme. Algo se daba la vuelta por primera vez. Uno no sabía alcanzar al otro. Otro, no sabía quedarse atrás. Pero una magia inversa nos permitía estar ahí, en un espacio intermedio, donde todo era posible. Y así nos quedamos, asomados el uno al otro. Todas las estrellas del cúmulo, asomadas a la entrada de la tienda, vidriando nuestras pupilas. Y entre ellas, en un punto que no supe encontrar, Uxa.






