Si alguien hubiese aparecido en ese momento como de la nada, y hubiera interrumpido nuestra penúltima conversación todo habría sido distinto. La hubiéramos aplazado dentro del escaso margen que teníamos hasta las vacaciones, y el fin probable de todo. Yo habría sabido reaccionar. Cualquier respuesta mía a una pregunta suya, llevaba implícito el sí.
Pero mi sombra se adelantó para traicionarme. Desde un incomprensible punto de suficiencia, respondí con ese maldito monosílabo que debería estar prohibido. La verdad inmediata pasó sobre la verdad profunda como una apisonadora, triturándola.
−Estaré de viaje, casi todo el tiempo− me oí decir. Y era verdad. Era la miserable verdad− ¿Y tú?
−A lo mejor me voy con mi hermana una temporada a Lúrethem, a su casa. Para obtener fondos en un centro recreativo, como camarero.
El resto de este trémulo diálogo lo he olvidado, por irrelevante. Lo único importante de él, lo que hubiera trascendido para llevarnos a un encuentro fuera de Osaisy, quedó sentenciado con mi no. Cómo idolatraba mi sombra la negación. Disfrutaba administrándola en pequeñas dosis, hasta la ruina de todo lo posible. Ni mi incipiente don de inducción era capaz por aquel entonces de catapultarme lejos de mis miserias.






