IMPROVISACIÓN

Nuestro vínculo, reiniciado en la esfera holográfica, recopiló todo aquello que, potencialmente, estaba llamado a ser, en un impulso que hizo bombear mi corazón como en años no lo había hecho. Quise creer, y no tardaría en constatarlo, que a él también se le encendió una luz en su mente-corazón que creería extinta. Para mí, era un rescoldo que no dejé nunca que se apagara y, cuando quise hacerlo, la vida me lo impedía.

   Abandoné la cabina extasiado y fuera de mí. Crucé el pasillo circular como ingrávido entre débiles reflejos de paneles luminosos, sin apenas darme cuenta de que iba hacia él, de que él venía hacia mí. Nuestras sombras furtivas se detuvieron cuando cada uno vio aparecer al otro. Luego, como imantados, nos fundimos en un cálido y largo abrazo. Y otra vez, como años atrás, sentía su cuerpo estrechado contra el mío. La misma carne, la misma mente, el mismo sueño. Es obvio que no pude apreciar la intensidad de su mirada cuando apenas nos apartamos, todavía sosteniéndonos uno al otro, mis manos sobre sus hombros, las suyas en mis caderas. Pero podía presentirla, como él presentir la mía. En la tenue penumbra, todo sentimiento se acomoda. Pero enseguida llegó a nosotros el rumor de los corredores, la expectación. Pegué mi rostro al suyo porque no quería salir a la luz y me resistía a suspender nuestro momento. Él me observó con sus ojos, con sus labios, con todo lo que era. Se fue apartando tan despacio, que parecía luchar contra el deseo como nunca antes lo habría hecho.

MAGIA INVERSA

Nos miramos otra vez. En ese instante comprendí que mi Ro estaba cruzando una línea, y yo quedaba por primera vez detrás de ella, por más que todo su empeño, lo empecé a captar entonces, era que no me sintiera desplazado. Hasta esa noche, cada vez más espaciadamente, yo había ido por delante, pero siempre me quedaba a su lado, rezagado, esperándole. Debió leerme el pensamiento. Aparté un momento mi mano de su pecho, pero él la sostuvo en la suya y cruzamos los dedos.

Aunque él lo deseara de corazón, no sabía esperarme. Algo se daba la vuelta por primera vez. Uno no sabía alcanzar al otro. Otro, no sabía quedarse atrás. Pero una magia inversa nos permitía estar ahí, en un espacio intermedio, donde todo era posible. Y así nos quedamos, asomados el uno al otro. Todas las estrellas del cúmulo, asomadas a la entrada de la tienda, vidriando nuestras pupilas. Y entre ellas, en un punto que no supe encontrar, Uxa.

NO

Si alguien hubiese aparecido en ese momento como de la nada, y hubiera interrumpido nuestra penúltima conversación todo habría sido distinto. La hubiéramos aplazado dentro del escaso margen que teníamos hasta las vacaciones, y el fin probable de todo. Yo habría sabido reaccionar. Cualquier respuesta mía a una pregunta suya, llevaba implícito el sí.  

   Pero mi sombra se adelantó para traicionarme. Desde un incomprensible punto de suficiencia, respondí con ese maldito monosílabo que debería estar prohibido. La verdad inmediata pasó sobre la verdad profunda como una apisonadora, triturándola.

   −Estaré de viaje, casi todo el tiempo− me oí decir. Y era verdad. Era la miserable verdad− ¿Y tú?

−A lo mejor me voy con mi hermana una temporada a Lúrethem, a su casa. Para obtener fondos en un centro recreativo, como camarero.

   El resto de este trémulo diálogo lo he olvidado, por irrelevante.  Lo único importante de él, lo que hubiera trascendido para llevarnos a un encuentro fuera de Osaisy, quedó sentenciado con mi no. Cómo idolatraba mi sombra la negación. Disfrutaba administrándola en pequeñas dosis, hasta la ruina de todo lo posible. Ni mi incipiente don de inducción era capaz por aquel entonces de catapultarme lejos de mis miserias.

2. Un personaje

EILEN  RO

   Descartada la primera imagen de portada (La Puerta del Norte), para Genusa, opté por dar un giro significativo y enfocarme en el protagonista que acciona la trama. El retrato de Eilen Odeive, o Eilen Ro, está hecho a lápiz de color sobre papel, y contiene importantes atributos que nos hablan sobre el personaje y su historia, sobre su don. 

   Lo primero que llama la atención es que aparece con los ojos cerrados. En efecto, está viviendo su remembranza personal, navegando en un mar de réplicas. Un gonjo cubre su cabeza. La cubierta en azul y rosa nos remite a las cúpulas bulbosas, gallonadas, de Rusia. La sede principal de El Primiciado, y el Colegio Mayor de Remembranza se sitúan en Nu, el continente helado, y reciben estacionalmente el azote del norte: una granizada mortal. Las cúpulas y tejados de todos los edificios expuestos tienen una cubierta cerámica como protección. El bulbo central, rosado, del gonjo, hace referencia a la llama interna del conocimiento que ilumina la conciencia del primicio (remembrante).

   Sobre el ceñidor morado, cuelga en el frontal una hilera de tiras o lamas de cuero negro, que de forma simbólica recrean la distancia que, en lo personal, separa su presente de un pasado más o menos lejano en su existencia. Ahora bien, el sombrero está mutilado en su parte delantera. Eilen abandona El Primiciado, pero no sus disciplinas, que realiza en cambio a cielo abierto. Las finas tiras de cuero golpean su cara con el viento e interfieren en sus visiones, por lo que decide cortarlas. Pero no nos engañemos, detrás de este gesto irreverente hacia un objeto de singular valor y trascendencia para un primicio, hay toda una declaración de intenciones que definen al personaje.

   Por último, vemos cruzar su rostro un hilo de humo. Se trata del ceñime, «la hierba del recuerdo», que emplean los remembrantes en sus prácticas regulares para canalizar su trance en la remembranza.

Un lugar

EDAN- AISU:  LA PUERTA DEL NORTE

   Aunque es la editorial la que suele proponer una imagen de portada acorde a la trama de la novela que publica, en esta ocasión era consciente de que, al tratarse de un escenario totalmente original, me planteé la opción de elaborar yo mismo la imagen, ya que durante años me he dedicado a la pintura.

   La primera imagen que me vino a la mente fue un lugar emblemático de Océano, que además tiene un papel importante en el desarrollo de la trama. La puerta del norte, Edan-Aisu, también conocido como Éderan, es un conjunto monumental erigido en la isla imaginaria de Efrida. Se compone de dos manos alzadas de unos 10 metros de altura, con las palmas enfrentadas, y separadas entre sí sobre una plataforma circular, de manera que parecen acotar un espacio sobre el horizonte del Enure, el mar del norte, orientado así al círculo polar ártico. 

   Llama la atención de la escena una mancha vertical en el centro, blanquecina, que rompe la línea del horizonte. No se trata de un tifón, ni de ningún otro fenómeno meteorológico, ya que no estamos viendo ese lugar, sino que se trata de ese lugar contemplado por uno de los protagonistas bajo unas condiciones psicológicas especiales. 

   Al terminar este lienzo pintado al oleo, me di cuenta que era una imagen muy pobre para ilustrar mi novela. Algo tenía de los parajes minimalistas que se extienden por Islandia, o regiones similares. Tendría que crear otro referente más apropiado.

6. LA TRAMA

   Uyshin reclama la ayuda de Omuri-Su. Le confiesa, a su pesar, que su hermano Eilen-Ro regresó a casa por las fiestas de Renovación y no ha vuelto a su sede primicial en Sunoa. Unos días antes de su marcha abortada, ha hecho pública una declaración de soberanía por la que renuncia a El Primiciado, es decir, a todo: desde el orden vigente tras el Éxodo de La Erema, hasta su don único para navegar entre réplicas y retomar así un legado milenario. Se trata de un hecho insólito y grave, que no tiene precedentes en la historia de Océano.

   Uyshin pide a Omuri que acompañe a su hermano en un proceso de ruptura que puede poner en peligro el equilibrio del joven remembrante. Le ruega que ayude a su hermano a encontrar una nueva misión de vida, si es que la hay para él. 

   ¿Qué pudo ocurrirle a su hermano para que tomara esta decisión terminal? Eso quisiera saber Uyshin, y acude a Omuri por dos motivos: primero, porque Omuri instruyó a su hermano hace unos años, y segundo, porque Eilen sigue siendo aficionado a los trazados, aunque no esté facultado. Será esta la coartada para un reencuentro.

   Omuri acepta el compromiso, pero al hacerlo no sabe que está renovando un vínculo muy antiguo.

   Comienza así un viaje a lo largo de Océano. Un regalo con el que Eilen intentará alejarlo de los fantasmas invernales que le acechan. Un viaje, también, a través de la Gracia, el Silabario y sus siete dones.