CREAR

   Si hablamos de arte, se me ocurre que hay dos formas de crear: puedes crear objetos como hace un escultor, modelando con arcilla; o puedes crear en ti mismo, como un escritor, modelándote a través del personaje, de su historia. Si quieres atrapar al lector, si te metes en la piel del personaje, y empatizas con él, puedes sufrir, superar sus obstáculos, crecer con él. De ese modo haces de ti mismo una obra de arte.

Como dice Osho, todos llevamos dentro una obra a medio hacer que busca realizarse. Abandona la idea de convertirte en alguien en la superficie, porque ya eres una obra maestra.

TESTAMENTO

   Deja todo por escrito, me dijeron. Como en una declaración jurada, o un testamento. Si lo apliqué años después, no fue para dejar unas instrucciones burocráticas de limitado alcance. Pero sí. He ido dejando por escrito mi testamento vital: unas ideas, un sentir, una visión del mundo tal como creo que podría ser. Por que ya conocemos la historia tal como nos la contaron, y si seguimos contándola tal vez seamos fieles a la verdad, pero nos quedaremos anclados en el pasado y su limitado alcance. Escribir puede ser también proyectarse hacia un futuro soñado, desde el compromiso humano y humanista que no persigue otra cosa que mejorar nuestro mundo, hacer que otra verdad sea posible. 

   En el cruce donde confluyen memoria e imaginación palpita un testamento íntimo y universal, de manera que cualquiera pueda tomar de él aquello que le resuene, y lo haga suyo si lo desea.

LA PALABRA

   ¿Comprendes el poder de la palabra?

Si es para ti mercancía, si engañas con ella, hieres, la entregas a causas que no sean verdad, devalúas la energía que la habita.

La palabra nacida del ser, sostenida en él, no conoce obstáculo, y la verdad que viaja en su voz, alcanza la inteligencia,

la torna sensible, y otro ser escucha, atiende a su verdad.

La palabra es simiente ¿Qué siembras?

Cuida tu palabra y será tu don.

Cuaderno de Bitácora

Cuando, quemada mi última nave, di todo por perdido y orillé aquí mis restos,

lo más digno del cuaderno de bitácora ha sido sin duda el reencuentro.

Saber todo al instante, pirata: tu tozuda búsqueda de una aventura que no fue tal, que lo fue todo.

Renunciar también tú a otros tesoros. Olvidar un mar de sueños náufragos, encerrados en una caracola.

Y caminar juntos frente a un sol de cobre que baña nuestro atardecer.

4. Odisea

Y hablando de odiseas, viene a mí la figura de Ulises, y su periplo por las islas del mar Egeo. En la Odisea, Ulises y sus nautas deben enfrentarse a múltiples peligros y criaturas míticas. También a la hechicera Circe, que atrae a sus hombres con buen vino y mujeres, y los acaba convirtiendo en cerdos. Aunque lograra escapar a sus hechizos, no deja de ser una historia cruel. Pero imagina que, tras robarles la memoria, los dejara libres. Imagina a Ulises navegando a la deriva por los mares de Grecia, hasta llegar por azar a Ítaca, donde su esposa Penélope lo recibiría con los brazos abiertos, y celebrarían el feliz regreso durante tres días. Pero Ulises no recuerda quién es, y apenas recala en la isla y se va de nuevo. Es cruel olvidar hasta ese punto, y estar tan cerca del hogar, y pasar de largo.

Y quién no tuvo alguna vez un sueño, un proyecto, pero la inercia de la vida, las responsabilidades sociales, laborales, familiares, lo fueron posponiendo, hasta hacerle olvidar por completo aquel propósito. Esto también le ha ocurrido a Paris. Aunque esta misión va a ayudarle a recordar, encontrando un hilo conductor que unificará y dará sentido a sus memorias olvidadas. Hallará una salida al complicado laberinto en que había convertido su vida. Esto va a suponer que, una vez superada su cuadrícula mental, su rango de frecuencias se amplíe hasta abargar las notas más agudas de su «canción».